Baja Visión en Glaucoma

19/04/2013  |   Noticias   |   Sin Comentarios

El Glaucoma engloba un conjunto de enfermedades que, generalmente, no tiene síntomas y provoca daños irreversibles en el nervio óptico, produciendo un adelgazamiento de este como consecuencia de la pérdida de fibras nerviosas. En la mayoría de los casos, este trastorno está asociado con la hipertensión ocular. Si no se controla debidamente, la afección causa pérdida de visión periférica y puede conducir a la ceguera. De hecho, se trata de la segunda causa de ceguera total a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), únicamente superada por las cataratas.

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Los estudios genéticos sobre el glaucoma están cobrando protagonismo para poder establecer el papel de los genes en el mecanismo causal de la enfermedad en las diferentes poblaciones. Al identificar el gen responsable en un individuo determinado, podemos establecer la probabilidad de padecer la enfermedad y, por tanto, realizar un seguimiento más estrecho para prevenir la aparición de lesiones en el nervio óptico, además de iniciar su tratamiento lo antes posible, en caso de ser necesario.

Otro de los síntomas del glaucoma es la disminución de la sensibilidad y pérdida de campo visual, produciendo una reducción concéntrica de este. El campo visual periférico, se emplea principalmente en la movilidad, y es necesario para detectar los obstáculos y evitarlos. Por ello, a nivel funcional causará:

-Dificultad en la orientación y movilidad.

-Dificultad para relacionar las zonas visibles y calcular las distancias.

Ceguera nocturna. La visión se reduce en la oscuridad y con niveles bajos de iluminación.

Deslumbramiento. Los pacientes requieren tiempos largos de adaptación a los cambios de iluminación (luz-oscuridad y viceversa) y algunas veces no lo consiguen.

-Dificultad en la localización de objetos.

Por el contrario, los pacientes con glaucoma tienen menos dificultad para leer textos y ver detalles pequeños, aunque en ocasiones pueden darse problemas en este ámbito.

En definitiva, es necesario valorar de forma individualizada cada caso y prescribir ayudas Ópticas de Baja Visión en los pacientes que conserven un resto visual útil, además de ofrecer ayudas adaptativas a los pacientes con peor pronóstico.